
Prof. Mario
A. Taborda
“He sido un niño pequeño que, jugando en
la playa, encontraba de tarde en tarde un guijarro más fino o una concha más
bonita de lo normal. El océano de la verdad se extendía, inexplorado, delante
de mi”
Isaac Newton
Vivimos,
en lo que se refiere a tamaños, a mitad de camino entre lo grande (el universo)
y lo pequeño (los átomos), entre lo visible y lo invisible.
Por
razones que son fáciles de entender, hemos identificado lo grande con lo
poderoso y lo eficiente. Lo grande nos produce respeto y asombro.
Baste
mencionar como ejemplos el edificio Burj Khalifa (Dubai, Emiratos Árabes Unidos) de
828 metros de altura, el Floating Liquified Natural Gas (FLNG), un barco 11
veces más grande que el Titanic o el Airbus Beluga, el avión más grande del
mundo con sus 56,15 m de longitud y 44,84 m de envergadura. Las maravillas del
mundo antiguo también eran grandes.![]() |
Vista desde el edificio más grande del mundo |
Lo
pequeño encontraba su sitio únicamente en máquinas de precisión como el
reloj de bolsillo. Sin
embargo, lo pequeño se volvió cada vez más importante en nuestra vida cotidiana
a partir del desarrollo de la microelectrónica. Lo pequeño pasó, después de
miles de años, a ocupar su merecido lugar. Descubrimos que lo pequeño era más
rápido y más eficiente de lo que imaginábamos.
Si hay
una cosa que nos distingue de las generaciones anteriores, es que hemos “visto”
los átomos.
A
principios del siglo XX, éstos aún eran algo teórico. Había pruebas muy fiables
de su existencia, pero ¿cómo poder asegurarlo si nadie los había “visto”
jamás?
Hoy, no
sólo pueden “verse”, sino que además podemos moverlos, cambiarlos de lugar y
construir cosas con éllos, algo impensado hasta que Richard Feynman, premio
Nobel de Física, diera su mítica conferencia en 1959.
Ya al
comienzo de la misma, titulada “Hay mucho espacio en el fondo“, Feynman hacía
la siguiente reflexión: "En el año 2000, cuando se mire hacia atrás, todo
el mundo se preguntará porqué hasta el año 1960 nadie empezó a moverse
seriamente en esta dirección".
La
dirección a la que se refería Feynman era crear una nueva tecnología basada en
la manipulación y el control de objetos tan pequeños como los propios átomos,
es decir, trabajar en el orden de los nanometros.
Esta idea
que, en principio, parecía provenir de la ciencia-ficción, venía avalada por el
hecho de que, según Feynman, esta manipulación de los átomos no contradecía
ninguna ley física y, por lo tanto, no había ningún motivo para que no pudiera
llevarse a cabo.
Era un
hecho bien conocido que las propiedades de los materiales dependían de cómo
estaban organizados los átomos en el espacio.
Así por
ejemplo, si pudiéramos reorganizar los átomos del grafito de una mina de un
lápiz podríamos hacer diamantes. Por lo tanto, lo blando o lo duro depende del
ordenamiento espacial que tengan los átomos de carbono para el caso mencionado.
Lo que no
podían responder los físicos en aquella época era: ¿Qué herramientas debían
utilizar? ¿Qué materiales podrían obtener manipulando directamente los átomos,
aquellos que estaban en el fondo? ¿Qué propiedades tendrían los mismos? ¿Qué
tipos de máquinas se podrían construir?
Una
analogía de este proceso la podemos encontrar en la naturaleza; todos los
seres vivos se construyen “átomo por átomo” siguiendo las instrucciones del ADN
correspondiente. La vida, en síntesis, no consiste en replicar la información
del ADN, sino en hacer algo con élla, es decir, organismos vivos.
Es
necesario, entonces, reconocer que las primeras “máquinas” a escala nano han
sido “construidas” hace más de 3 mil millones de años, evento que condujo al
origen mismo de la vida.
Si
lanzáramos una mirada al interior de una célula humana podríamos comprobar que
toda la información contenida en la molécula de ADN se halla altamente
compactada en el núcleo celular con una densidad de información mayor que
cualquier computadora personal.
Esta
información, altamente compactada, es utilizada constantemente por la célula
para producir una gran variedad de enzimas, las “máquinas” más pequeñas y
complejas conocidas por el ser humano.
Un efecto
que se suma al de la gran compactación de la información es la sorprendente
capacidad de amplificación que tienen los organismos vivos.
Los 5x10-15 gramos
de ADN de un óvulo fecundado de ballena determinan en gran parte lo que será un
animal de 5x107 gramos de peso, un efecto de
amplificación de 22 órdenes de magnitud.
¿Sería
posible tener una fábrica de autos que utilizara este mismo proceso, que
partiendo de un auto microscópico se autoensamblara hasta adquirir un tamaño
especificado?
El
problema para poder hacer algo así reside en que a escala nano los fenómenos
son muy diferentes a los de nuestra experiencia cotidiana. Todo lo que sucede
en el mundo de lo ultra pequeño pertenece al dominio de la física cuántica,
donde nuestra intuición y experiencia de lo macroscópico ya no
funcionan.
El primer
paso para poder desarrollar una tecnología a nivel de nano escala
(Nanotecnología) se dio en la década de los 80 con la invención del microscopio
de efecto túnel y del microscopio de fuerza atómica.
Estos
inventos permitieron “observar” átomos de manera independiente dejando así
abierta la posibilidad de manejar y manipular la materia a nivel atómico y
molecular. Adicionalmente a su función como microscopio, también permitían
mover átomos a voluntad y construir así algunas estructuras como la que se
muestra en la siguiente imagen. ![]() |
35 átomos de Xenón formando el logo de IBM |
Hasta la
década de los 90, la Nanotecnología estaba restringida a los laboratorios de
investigación porque la cantidad de material que se producía no permitía la
comercialización a gran escala.
Esto fue
así hasta que entró en escena la “síntesis física de vapor”, un proceso que
permitía la fabricación de materiales nanoestructurados a nivel
industrial.
Seguramente,
pasarán algunos años más para ver entrar de lleno a la Nanotecnología en
nuestras vidas, pero ya no cabe duda de que esto está sucediendo. Es difícil
predecir sus alcances, pues con cada nuevo logro, seguramente surgirán nuevas
ideas y nuevas posibilidades.
Los
materiales y sus propiedades se multiplicarán, podremos diseñar nuestros
propios materiales vivos, no vivos o híbridos y la distinción entre lo
natural y lo artificial deberá ser repensada,
Estamos a punto de hacer lo que queramos con la materia. Estamos
también, como consecuencia, en condiciones de discutir nuestras
responsabilidades ante tal poder, un poder que a la naturaleza le llevó miles
de millones de años conseguir mediante ensayo y error. ![]() |
Mi nieto |
interesante
ResponderEliminarMuy buena explicación y una reflexión del futuro que se nos viene encima
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