
Prof. Mario
A. Taborda
“He sido un niño pequeño que, jugando en
la playa, encontraba de tarde en tarde un guijarro más fino o una concha más
bonita de lo normal. El océano de la verdad se extendía, inexplorado, delante
de mi”
Isaac Newton
Vivimos,
en lo que se refiere a tamaños, a mitad de camino entre lo grande (el universo)
y lo pequeño (los átomos), entre lo visible y lo invisible.
Por
razones que son fáciles de entender, hemos identificado lo grande con lo
poderoso y lo eficiente. Lo grande nos produce respeto y asombro.
Baste
mencionar como ejemplos el edificio Burj Khalifa (Dubai, Emiratos Árabes Unidos) de
828 metros de altura, el Floating Liquified Natural Gas (FLNG), un barco 11
veces más grande que el Titanic o el Airbus Beluga, el avión más grande del
mundo con sus 56,15 m de longitud y 44,84 m de envergadura. Las maravillas del
mundo antiguo también eran grandes.![]() |
Vista desde el edificio más grande del mundo |
Lo
pequeño encontraba su sitio únicamente en máquinas de precisión como el
reloj de bolsillo. Sin
embargo, lo pequeño se volvió cada vez más importante en nuestra vida cotidiana
a partir del desarrollo de la microelectrónica. Lo pequeño pasó, después de
miles de años, a ocupar su merecido lugar. Descubrimos que lo pequeño era más
rápido y más eficiente de lo que imaginábamos.